Two ficlets!

current mood: tired
current song: "Gimme Gimme Guimme" OST Mamma mia 2008
Título: -
Fandom: RPS
Pairing: Steve Carell/Anne Hathaway
Notas: El miércoles fuí al cine con mi amigo Pablo a ver "Mamma mia" por tercera vez (eso yo) y después nos colamos en la de "Superagente 86". Yo era super fan de la serie de televisión de los 60 y obviamente como toda fan sólamente iba a comprobar qué tal lo habían hecho en el film, sin esperarme nada bueno. Efectivamente, malísima como ella sola, pero Dios, la química de estos dos en pantalla...Nada más volver a mi casa, me dio el mono y empecé a buscar videos y fotos y cosos y...;__; joooo,son la fucking moneeeez xD y yo demasiado fácil de convencer, ¿estamos? xDDDDDD.
“¿Lo haces apropósito o qué?” le espeta riendo, observando todavía su jeta tras la pantalla. Están en casa de la joven y acaban de asentarse en su estudio, cada uno en una silla.
“Es mi cara ¡No todos podemos salir tan perfectos como tú, Diosa del ensanche adecuado y los dientes haciéndose paso!”
“¿Te estás burlando de mí?” la actriz le mira ahora a él, mordiéndose la lengua.
“Mujer, son mis palabras.” y mientras Anne le estampa el cojín contra la cara y termina a horcajadas en sus rodillas, piensa que debería pedir el divorcio a su mujer y estirarle las piernas hasta adaptarlas a la silueta torpe que le destroce los labios de una engullida lenta.
Las veces en cada entrevista que se descubre reteniendo el histrionismo sólo para no tener que acabar riendo junto a su frescura o esas manos que se enroscan con facilidad en su brazo son las mismas que decide ignorar como posibles síntomas de...En fin, de eso que se dice en todos los idiomas, menos en el del humor inconexo del que no va a desprenderse ni por un segundo, no mientras necesite arquear una ceja y que la expresión de idiota que se le quede mientras la mire parezca resultado de la escasez fotogénica.
Así que no dice nada y se limita a sujetar el cojín entre carcajadas sutiles y sentir los dedos de Anne luchando porque lo suelte. Consigue lanzarlo por los aires y que el cuarentón entorne la mirada, escudriñándola con reparo.
“¿Sabes que tienes veintiséis años, acaso?”
“¡Voy a cumplirlos ahora, renacuajo!”
“¡No me llames renacuajo, somos casi igual de altos!”
“¿Querías llegar a algo con esa cuestión?”
“Bueno, sólo puntualizaba el curioso hecho de que Max y la agente 99 se llevasen veinte años en la película.”
“Oh, entiendo ¿Estás en crisis?” rió, deslizando un poco los tobillos sobre la zona de piel que se negaba a apartar.
“No, sólo es que no lo había pensado ¿Es que a nadie le extraña?”
“Creo que a todos les pareces joven, Steve.”
“Oye ¡Aún soy joven!” replica y utiliza el pie que Anne le estampa contra la mejilla para hacerle cosquillas rápidamente.
“¡Para, para!” protesta ella, la espalda ahora sobre su regazo, las piernas recorriendo el torso de Steve, al son de ambas risas. “¡Somos la fantasía intocable de millones de telespectadores! ¡No podemos!”
Y quizá es la forma en la que se le ilumina la cara, como si todavía estuvieran en una rueda de prensa o escapando de fans con las manos entrelazadas, pero Steve ya está teniendo que hacerse las preguntas habituales, relacionadas todas con su mano bajo la falda de la chica y el sonido de la silla que termina sobre sus caderas, después de desprenderse en el suelo.
Título: -
Fandom: El príncipe de Egipto
Pairing: Ramsés/Séfora, toquecillos Moisés/Séfora y Ramsés/Moisés
Notas: Para
Hace unos años, con las manos atadas y expuesta en su habitación (acabó siendo en la de Moisés, al final, y eso es lo más gracioso que podría identificarse ahora), después de marcarle las uñas por debajo de aquellos dientes que trataron de arrancarle los dedos, quizá hubieran podido sentirse mejor. Él porque, al día siguiente (o al otro, cuando se hartara, en realidad) habría mandado que la pusieran a trabajar junto a los esclavos, siendo sólo un despecho insolente de la libido juvenil. Ella porque, después de todo, sólo la habrían violado. Y podría haberse escapado cuando le diera la gana (prefiere eso a pensar en más aspectos negativos que hagan que la situación actual parezca menos turbia de lo que, desgraciadamente, es).
Ahora resulta como si pudieran evitarlo de otra manera, más posible, con menos gusto a vapor de grietas drásticas y futuros próximos a la decadencia. La misma que masajean, retienen y sienten sobre el cuello y las caderas, restregándolas a una velocidad turbulenta.
No se quieren, al menos. Porque cada mordisco sabe demasiado a Moisés y no puede decirse que el predicador no sea el mecanismo de conexión que los enreda, entonces, bajo las sábanas y la piedra.
Porque eres la esposa de él, porque necesito saber que él lo sabe.
A decir verdad, no lo saben ni ellos. Séfora piensa en el dolor de su marido y en que puede que así la tormenta decline (porque lo de Ramsés es venganza pura, eso sin dudarlo). Sólo está siendo infiel a sus principios. No es nada comparado con lo que el hebreo debe estar pasando. Ni siquiera cuando esos labios no son los suyos.
Ramsés casi es capaz de desnucarla, una vez sus brazos ascienden, semejando unas cadenas ardientes. Pero ella no mira. Sigue sin mirar. Encoge los hombros, al notar que le muerde en la espalda. Es entonces, dirigiendo la vista inconsciente hacia el espejo roto que reposa entre las cortinas, que el contacto visual arremete, por fin, de improvisto y lo disimula la sensación aguardiente que se diluye, poco a poco, entre las sábanas de seda amarilla.
Lo sabrá y eso me basta.
Les basta a los dos.



